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La Coctelera

Categoría: El libro de los abrazos

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS

destiny | 15, feb

El Mundo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que habia contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

- el mundo es eso - reveló -. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Eduardo Galeano

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS

destiny | 13, feb

DICEN LAS PAREDES

En Buenos Aires en el puente de La Boca:

Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie.

En Bogotá, a la vuelta de la Universidad Nacional:

Dios vive.

Y debajo, con otra letra:

De puro milagro.

Y también en Bogotá:

Proletarios de todos los países, uníos.

Y debajo, con otra letra:

( Último aviso. )

En pleno centro de Medellin:

La letra con sangre entra.

Y abajo, firmando:

Sicario  Alfabetizador.

En la ciudad uruguaya de Melo:

Ayude a la policia: torturese.

En la Facultad de Ciencias Económicas, en Montevideo:

La droga produce amnesia y otras cosas que no recuerdo.

Eduardo Galeano

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS

destiny | 16, dic

LA VIDA PROFESIONAL

Los banqueros de la gran banquería del mundo, que practican el terrorismo del dinero, pueden más que los reyes y los mariscales y más que el propio Papa de Roma. Ellos jamás se ensucian las manos. No matan a nadie: se limitan a aplaudir el espectaculo.

Sus funcionarios, los tecnócratas internacionales, mandan en nuestros paises: ellos no son presidentes, ni ministros, ni han sido votados en ninguna elección, pero deciden el nivel de los salarios y del gasto público, las inversiones y las desinversiones, los precios, los impuestos, los intereses, los subsidios, la hora de salida del sol y la frecuencia de las lluvias.

No se ocupan, en cambio, de las carceles, ni de las camaras de tormento, ni de los campos de concentración, ni de los centros de exterminio, aunque en esos lugares ocurren las inevitables consecuencias de sus actos.

Los tecnócratas reivindican el privilegio de la irresponsabilidad:

-Somos neutrales- dicen.

Eduardo Galeano

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS

destiny | 14, oct

EL CRIMEN PERFECTO

En Londres, es asi: los radiadores devuelven calor a cambio de las monedas que reciben. Y en pleno invierno estaban unos exiliados latinoamericanos tiritando de frio, sin una sola moneda para poner a funcionar la calefacción de su apartamento.

Tenian los ojos clavados en el radiador, sin parpadear. Parecian devotos ante el tótem, en actitud de adoración; pero eran unos pobres náufragos meditando la manera de acabar con el Imperio Britanico. Si ponian monedas de lata o cartón, el radiador funcionaria, pero el recaudador encontraría, luego, las pruebas de la infamia.

¿ Que hacer ? se preguntaban los exiliados. El frío los hacía temblar como malaria. Y en eso, uno de ellos lanzó un grito salvaje, que sacudió los cimientos de la civilización occidental. Y asi nació la moneda de hielo, inventada por un pobre hombre helado.

De inmediato, pusieron manos a la obra. Hicieron moldes de cera, que reproducian las monedas britanicas a la perfección; después llenaron de agua los moldes y los metieron en el congelador.

Las monedas de hielo no dejaban huellas, porque las evaporaba el calor.

Y asi, aquel apartamento de Londres se convirtió en una playa del mar Caribe.

Eduardo Galeano

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS

destiny | 11, jun

LA DESMEMORIA

El miedo seca la boca, moja las manos y mutila. El miedo de saber nos condena a la ignorancia; el miedo de hacer nos reduce a la impotencia. La dictadura militar, miedo de escuchar, miedo de decir, nos convirtió en sordomudos. Ahora la democracia, que tiene miedo de recordar, nos enferma de amnesia; pero no se necesita ser Sigmund Freud para saber que no hay alfombra que pueda ocultar la basura de la memoria.

Eduardo Galeano

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS

destiny | 6, may

LA BUROCRACIA

Sixto Martinez cumplió el servicio militar en un cuartel de Sevilla.

En medio del patio de ese cuartel, habia un banquito. Junto al banquito, un soldado hacía guardia. Nadie sabía porque se hacía la guardia del banquito. La guardia se hacía porque se hacía, noche y día, todas las noches, todos los días, y de generación en generación los oficiales transmitían la orden y los soldados la obedecían. Nadie nunca dudó, nadie nunca preguntó. Si asi se hacía, y siempre se había hecho, por algo sería.

 Y asi siguió siendo hasta que alguien, no sé que general o coronel, quiso conocer la orden original. Hubo que revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hurgar, se supo. Hacía treinta y un años, dos meses y cuatro días, un oficial había mandado montar guardia junto al banquito, que estaba recien pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca.

Eduardo Galeano

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS

destiny | 4, abr

LOS NADIES

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesania.

Que no practican cultura, sino folclore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano